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15 de noviembre de 2013

Fantasmagoria II




Los recuerdos son como voces sosegadas que llegan de un carrusel atrapado en la eternidad de la inercia y que se fusionan con su sonido oxidado que se desliza por cada rincón de mi subconsciencia como una daga en las manos hábiles del malabarista. Todos esos lugares en los que he estado alguna vez, son solo puntos geográficos que no llegan a fusionarse con mi existencia corporal tan ocasional y que ahora, son espejismos en mi mente. Estos espejismos comienzan a desaparecer poco a poco difuminándose como las luces nocturnas a través de cristales ahumados de un coche en el que hay lugar para todo menos para el amor. 


Cada nuevo día es un agujero negro en un calendario en pleno estado de descomposición. Las semanas se convierten en un laberinto de ortigas y un desnudo conduce al ciego en dirección del abismo. Espacio y silencio que devora el espacio tan sigilosamente como el movimiento de los planetas. 


Avión. Mi billete no tenía asiento asignado y me toca esperar de pie, es jodidamente más lento que esperar sentada. Un suspiro. Pensaba que era el último suspiro antes de que me quede sin palabras pero el fin del mundo no resultó ser para mí. Este avión sobre vuela ciudades ardiendo a pesar de que la última cerilla de la caja polvorienta no se encendió. Somos ceniza sobre ceniza, es sólo cuestión de tiempo. Quería ser una pluma pero soy un pájaro. Un malherido no exige que sus vendas estén limpias. Todo tiene su lado positivo. A través de las ventanillas observamos la destrucción y el caos al igual que un escritor sin pudor admira la siniestra elegancia del texto. 



Todos formamos parte del mismo reloj de arena situado en una inestable superficie. El mundo es la subordinación a la palabra, subordinación a un arma. El texto son arenas movedizas. El tiempo es el mecanismo perfecto para seres imperfectos. 









27 de mayo de 2013

Fantasmagoria I


Y de de repente no hay fe, desapareció como una burbuja de jabón en la que tan armoniosamente se reflejaba el mundo entero y que de manera tan elegante superaba los obstáculos y finalmente, explotar en el aire. Rápido, muy rápido todo cambia de forma y adquiere tonos siniestros. Es una lucha dura obligar un mecanismo decadente a funcionar a la perfección para que pueda captar no solo tonos monocromáticos. Toda esa energía gastada se renueva poco antes del punto final, que percibo como un deja vu de una explosión en un lugar remoto del universo. Después de que esa energía vuelva, esa cinta monótona de manera vomitativa se rebobina hacia atrás, perdiéndose una microscópica cantidad de tiempo.


Seguramente, el material del que estoy hecha se agrieta por su propia existencia, siempre por la falta de oxígeno como de una soga en mi cuello, hasta que me quedo sin aire, por sentir algo a través de años que pasan como una cuchilla por mi piel siempre tan fiel a su salvaje erotismo.  Es como la necesidad de una droga inexistente antes los ojos de una multitud sin fin que no me ve. Mi vida es la perfección de una nota de suicidio, un acto que ya no es para mi. La muerte, un chicle que perdió todo su sabor. No hay nada especial en la muerte, todo ese culto seductor es una mentira porque la muerte no se puede representar. La muerte, con su estúpida y tan cautivadora seducción de perfume de una desconocida en un vagón, es una mentira. La muerte es bella porque es la vida la que le otorga la belleza, al igual que el sol es responsable del brillo de la luna en la noche.


La vida es un chicle que masticо vagamente. Sé que si me paro, todo se parará. Todos mis sueños y mis deseos se convirtieron con el paso del tiempo en una masa amorfa que veo borrosamente en aguas estancadas pantanosas formadas por citas, lugares y rostros que han existido en el tiempo pero jamás en el espacio. Todo resultó ser una copia barata de algo que seguramente es difícil de alcanzar pero puede que sea para mí, que sea para mí.


Quiero conservar en mi corazón mi fe en la muerte, pero quiero acordarme claramente que la fidelidad a la muerte y al pasado no es más que vicio, voluptuosidad sombría e inhumana, cuando dirige nuestros pensamientos y nuestra conducta. El hombre no debe dejar que la muerte reine sobre sus pensamientos en nombre de la bondad y del amor.




La Montaña Mágica,

 Thomas Mann






La amante de la muerte


Un calor intenso quema mis heridas. Corro por un pasillo, pero sólo escucho tus pasos. Sé que son tuyos. Seguiría contemplando el vago caer de los copos de nieve condenados al suicidio mientras en nuestras cabezas resuena aquella melodía que sólo nosotros conocemos. Yo era capaz de todo para no morir jamás entre tus brazos, ensordecer por el ruido de los coches antes de desangrarme ante los ojos de la multitud. Pero muero entre tus brazos. Y de repente frío, el venenoso frío de las casas abandonadas que despierta un sorprendente sentimiento hogareño. Desde lo remoto escucho una débil pero nítida voz ... y la luz engulle todo.





15 de mayo de 2012

Inexistente


Cuando hablaba con él, su voz era tan serena como las olas que acarician la orilla sin llevarse ni una pizca de arena consigo. Sin embargo, era evidente que se trataba de aguas turbias que imposibilitan cualquier tipo de vida orgánica pero pertenecientes a un océano de profundidad abismal... y entonces quizás sí podían albergar vida. Mi vehículo era la curiosidad y mi adversario el miedo, miedo de sumergirme en esas aguas tenebrosas y que eso desencadené su huida, perdiéndole entre la oscuridad de su ser y quizás perdiéndome yo. Lo que sí tenía claro era que no podía permitirme el lujo de perderlo para siempre. Así era como con el paso de los día, hojas de un libro que pasaba sin hacer ruido, mi sensación de que él estaba al otro lado adquiría fuerza, cobrando vida ágilmente mientras me quedaba bien claro que era un lugar al que a priori todos tenían acceso denegado excepto él, una entidad consciente de la trascendencia de su decisión.



13 de mayo de 2012

Una visita inesperada

 
   La soledad llegó pero esta vez dejó su espada detrás de la puerta. Habló conmigo sobre los abismos de mi mente, de frío y calor, de tempestad y dolor. Fue ella, y sólo ella la que me recordó que las flores más bellas crecen bajo la adversidad.





9 de marzo de 2012

Mentira


Esperaba. Su mirada estaba anclada en las manecillas del reloj. De repente sintió la rabia devorar su ser como una planta carnívora. Era el lugar y por fin había llegado el momento. Inundó las calles de gasolina y vio caer la última ceniza de su cigarrillo que prendió la ciudad, el planeta y el universo. A su vez, observaba todo desde un rincón neutral de la red espacio-tiempo. El fuego se puede mirar eternamente, pero la cuestión es que todo apestaba todo apestaba de la misma puta manera. Esperaba... Mentira, simplemente llevaba matando el tiempo durante toda su vida.

13 de enero de 2012

Al compás del silencio

Basado en hechos reales...


Pròxima estació: Universitat.

Las puertas se cerraron y encerraron decenas de voces que relataban por lo alto sus aventuras y desventuras de un sábado noche. Los gestos alterados de una pareja hablaron por sí solos. Es un mundo paralelo, no limitado por la superficialidad de las palabras: un mundo sin decibelios. Él y ella, frente a frente, dos partituras de silencios infinitos. El silencio es el pretexto más elegante para el amor, su eterna realidad. Ellos no pueden hablar, pero si pudieran gritarían y despertarían a la ciudad entera. Y gritan, gritan en forma de movimientos que se plasmaron en besos y caricias. Sentimientos. Lo evidente prescinde de palabras.


Marina.

Se bajaron del vagón y se subieron a las escaleras mecánicas. Los peldaños subían y los besos bajaban por el cuello de ella como un cuchillo que aniquila el miedo de lo no vivido. Su historia no tiene una banda sonora impresionante ni tampoco un guión impactante, sólo transcurre al compás del silencio en un mundo más que nunca ignorante.

10 de noviembre de 2011

Impaciencia


El ''tic tac'' hostigador de las agujas acechadoras del reloj condenaba mi impaciencia y dictaba con seguridad mi sentencia, como si fuera el mozo de un juez severo y sin escrúpulos que es capaz de todo en nombre de la justicia.

El tiempo parecía haberse parado e incluso desaparecido sino fuera por el constante ''tic tac'' que se volvía cada vez más violento y que desgarraba mi ser al mismo tiempo que se apiadaba de mí dejando intacta mi piel.






27 de agosto de 2011

Entropía

  Escaleras. Esta vez con prisa y como siempre sin pausa.

- ¡Mamá ya llegué! -Exclamó.


Su hijo ya estaba en casa después de merodear por la ciudad, una vez más en busca de una idea feliz, una idea tan abstractamente bella.


-Hijo, ¿Qué quieres para cenar? -Preguntó su madre.


  Pero lo único que oyó como respuesta fue el estruendo de la puerta al ser cerrada de golpe, sinónimo de '' no molestar ''. En su habitación todo seguía exactamente igual como lo había dejado: papeles por el suelo y papeles sobre el escritorio junto con su libreta. Todo sigue igual de entrópico, pero jamás podrá ser comparado con con la teoría del caos que impera en su mente. Se siente en su escritorio lleno de operaciones y más operaciones prácticamente ilegibles a simple vista. Abre su libreta que nos delata que este joven piensa demasiado para la edad que tiene, o simplemente piensa demasiado. Sin más demora coge el bolígrafo y  el viaje comienza, un viaje por un universo matemáticamente preciso y a su vez tan matemáticamente impredecible. Las páginas en blanco se llenan a velocidad de la luz de crónicas relatadas por un viajante en forma de sumas, restas, multiplicaciones, divisiones, logoritmos, ecuaciones, matrices y todo tipo de operaciones acompañadas de dibujos enigmáticos. Tachones y aciertos. Aventuras y desaventuras. Él sabe que la verdad se encuentra detrás de los números, ¿ Pero cómo atraparla? Escribe otra ecuación. Se para, la mira, la mira fijamente como si fuera un crítico contempla una obra de arte intentando sintonizar el mensaje que esta emite.









  Pasan las horas, pero no importa el tick tack del reloj cuando el tiempo es más que relativo. Ojos rojos e irritados, frustración, agonía y tanto por descifrar. Sin embargo, la solución parece estar cerca en algún lugar, y más cerca y cada vez más cerca. Tachón. Algo va mal. Otra vez tachón. Calle ciega. Fin de juego y regreso al punto de partida. En fin, se acordó de lo paradójica que puede llegar a ser la verdad y sonrió, a pesar de todo. Todo pasa factura en  forma de un dolor agudo que parece hacer estallar su cabeza.  Se siente obligado a dar por finalizada su búsqueda hasta nuevo aviso. Mira el reloj y retoma la noción del tiempo: 1:17 de la noche. Se asoma a la ventana de su habitación y comtempla las calles mojadas. No había escuchado como empezó ha llover. No obstante hay gente en la calle, es lo que tiene que sea sábado en una ciudad grande. Gente, gente que vive sin garabatear ecuaciones día tras día y noche tras noche, y aun así vive. Gente que habla del tiempo, amigos, familia, dinero, parejas, trabajo, alcohol, drogas, sexo e incluso a veces de amor, a veces. ¿ Por qué no es como ellos? De todos modos la respuesta no le preocupa. Hace mucho tiempo que no mantiene una conversación con alguien. No lee periódicos ni revistas que proporcionan las últimas noticias de actualidad. ¿Y qué importa? Piensa él. Presiente que ya llego la hora para empreder un arriesgado viaje sin nave y sin tripulacion una vez más. Él sabe que las personas mienten, mientras que los números nunca lo hacen.








26 de julio de 2011

Esclava del placer






Anochece en el mundo de la tranquilidad y amanece en el mundo del espectáculo, mucho espectáculo.


Las tinieblas invaden dulcemente la ciudad de Nueva York. The Fifth Avenue se prepara para la noche, pero una calle en concreto esta totalmente a oscuras. Al mirar hacia arriba logra destacar una ventana abierta con una cortina que parece una alma que no para de intentar escaparse con el viento. ¿Y si se trata de una ventana a otra realidad? Nuestra curiosidad se adentra con la luz efímera de la luna por el cristal. Silencio… Paredes negras totalmente desnudas. Ella se despertó en una vida que ya no le pertenece, un lugar extraño donde el aire sólo sabe al humo amargo que enturbia su sino y que se desprende de su cigarrillo como las hojas de un calendario arrastradas al vacío a una velocidad abismal. De repente se rompe el silencio y se alumbra la intrigante oscuridad. Ella encendió la luz, una luz que se vuelve impotente al no poder alumbrar la oscuridad de su vida. Ella volverá a caer en la tentación de lo prohibido, volverá a caer en la fosa envenenada de sensaciones que agrietan las paredes tan agrietadas de su ser. Sueños rotos hechos cenizas que cobran vida en la cocaína esparcida en la mesilla de noche. Una vez más vuelve a disolver su vida en formol, un mesías que la mantiene en esta vía de atasco y la destruye paulatinamente. Su nombre quizás es lo único que nada ni nadie le ha podido arrebatar a pesar de los cambios vertiginosos del destino. Melissa abre su armario y busca su ropa o tal vez, simplemente se busca a sí misma en este viejo y roto ropero. Por fin, ya tiene todo listo: una camiseta de tirantes, una minifalda, unas botas y mucha fuerza de voluntad para retar otra noche más al éxtasis, aunque en el fondo es totalmente consciente de que su resistencia no es más que un pretexto para que su rutinaria rendición resulte ser placentera. Cubre su rostro perdido de maquillaje para disimular el miedo y siente que fue ayer cuando era una simple niña inocente más que soñaba con entrar en el mundo de Nueva York por la puerta grande, pero la realidad una vez más resulto ser otra. Melissa sólo ha logrado entrar cada noche por la puerta vieja de un local funesto, un local donde no hay cámaras impacientes por captar su asombrosa llegada con un traje recién comprado en la última pasarela, sólo hay miradas desesperadas que desnudan descaradamente su cuerpo como cuervos que se apoderan de su presa.

Sigilosamente cierra la puerta de su piso, otra noche más entre lágrimas deja su dignidad encerrada bajo llave. Empieza a bajar las escaleras. Cada escalón es un por qué sin respuesta. Cada escalón es una razón para retroceder. Cada escalón es una afirmación para la frase ya es imposible volver. El eco de cada paso en este siniestro portal hace repetir en su cabeza mil veces que sólo es cuestión de aguantar otra noche más sin saber si va a regresar. Los escalones parecen cada vez más interminables. Por fin el último escalón. Se paró y suspiró. Sólo le falta dar el último paso, sólo le falta abrir la puerta, sólo es un paso, un peligroso paso a una terrible realidad. Ya no puede más. Finalmente, con un movimiento brusco abre la puerta y se arranca el alma con el corazón y quizás algo más.


La noche cubre repentinamente sus recalcadas venas por la heroína como una cortina pesada que se cierra de golpe para ocultar melancólicamente una macabra verdad. Enciende otro cigarrillo y deja que su mirada deleznable se pierda en las fractales de nicotina y alquitrán que el humo define vagamente en el aire húmedo nocturno al compás del resonar de sus tacones por las calles de Nueva York, la ciudad que nunca duerme. Sólo es cuestión de aguantar otra noche más sin saber si va a regresar.



25 de junio de 2011

Bailarina

Público impaciente. Nervios, como siempre. Un poco de talco en las suelas de las bailarinas impecables para la ocasión. Maquillaje natural, que no resalte más de la cuenta. Ella estaba preparada: la coreografía estaba más que ensayada. Por fin, las luces se apagaron, por fin la música se apoderó de la sala. Todo esto era la excusa perfecta para soñar con los pies una vez más, como si fuera la primera vez y como si fuera la última vez, era la culminación de una larga travesía de agotador trabajo. Estaba más que decidida. Uno de los focos la seguía con total entrega, como una gaviota que acompaña al mar sereno. Entonces ella por su cuenta alzó el vuelo. Esa música funesta la sacudía de un lado a otro, sin piedad, como si fuese una barca atrapada en medio de una tormenta agonizante. Se desliza entre miradas tensas, se pierde, se encuentra y vuelve a perderse por una milésima de segundo, una milésima de segundo en otro mundo. Quiere escapar, abandonar, y a la vez seguir. Pero la cuestión es otra, la cuestión es que ella juega para ganar. Baila y sigue bailando, entregándose a todos y a la vez a nadie. No espera aplausos, no espera fama, no espera nada de nadie. Es libre de perjuicios pero perversa al mismo tiempo. Ella es libre, y libre otra vez.

Y se hace el silencio...

Y los aplausos rompieron el silencio.

23 de junio de 2011

Ellos


La lluvia se apoderó de la ciudad y las dudas atormentaban su ego.



Ellos caminaban por las calles mojadas mientras la lluvia caía en picado como si no tuviese rozamiento con el aire. Habían pasado milenios en minutos ateridos desde la última vez que se dirigieron la palabra. Recuerdos, que inundaban su mente. Por encima de sus cabezas, nubes tormentosas cobrando fuerza. En  sus cabezas, eternas tormentas que jamás amainaban. Destinos rotos y una lágrima. Fue entonces cuando ella por fin rompió el hielo. Fue entonces cuando comenzó a gritar. Gritaba que no puede más y dejaba sus lágrimas escapar, como una niña ingenua a la que se le escapa su cometa, pero ella seguía siendo una niña. Pero él no soltaba su mano y la agarraba con más fuerza. No estaba entre sus planes dejarla ir. No estaba entre sus planes rendirse.

Callejones. Y no, no tenía ni siquiera un par de monedas para una caja de cigarros barata. La histeria se mezclaba en el aire de la noche. Sin embargo, los pasos de él la acompañaban fuera a donde fuera, como algo que se convirtió en su segunda sombra. Él apretaba fuertemente sus dientes y dejaba a la lluvia definir  cada uno de sus rasgos tensos. Daba la sensación de que cada gota de lluvia era alcohol sobre heridas sin cicatrizar. En el rostro de ella el lápiz de ojos estaba corrido y el color negro mostraba la verdadera naturaleza de sus lágrimas, oscuras, oscuras de dolor. Sin demora, pidió un cigarro a un desconocido. Durante unos segundos apreció las bellas curvas que el humo caótico dibujaba en el aire húmedo nocturno. Él seguía conteniendo su furia. Ella, al contrario, gritaba otra vez y pisaba los charcos bruscamente con sus botas negras desgastando su tacón de aguja. Las gotas de lluvia cada vez caían con mayor fuerza, como si pretendiera ocultar las lágrimas de ella, como si pretendiera borrar el pasado.



22 de septiembre de 2010

Pesadilla









Rápido... Muy rápido corro en busca del sentido por esta tierra llena de grietas venenosas, una tierra sin mares, mares evaporados hace años. Excusas. Parece que llueve y llueve muy fuerte, pero aún puedo leer entre líneas. Le diré a mi familia que desaparecí de por vida, le diré al gobierno que tengo una misión secreta en este mundo. Sólo las zuelas de mis zapatos desgastados saben adonde van porque tienen claro que sea adonde sea, tienen que llegar.





 Euforia escarlata agrietada de tristeza. Melaconlía.  Encontraré algo en mi camino, sé que lo encontraré, soñando, durmiendo con fantasmas de un pasado surrealista que nunca fue. Ya no puedo leer entre líneas, ya me pierdo, otra vez callejón sin salida, otra vez un nada sin sentido, pero ahora es cuando veo la luz intensa que logra quemar un poco mi cara. Células muertas y explosiones en el cielo, cielo celeste, celeste fue. Mis pupilas se dilatan por el efecto de la droga más peligrosa llamada vida, mis latidos se acelerán en dirección hacia donde estás. Echo a correr y tropiezo, tropiezo con el dolor y entonces resbalo. Pero quien tropieza avanza dos pasos, dos pasos si logra levantarse. Derrotas y victorias, el suelo, el punto más bajo y a la vez nuestro único punto de apoyo permanente. Y entonces leo entre líneas y lo veo, lo veo con mis propios ojos, alguien se desarmó y dejo una pistola en el suelo,  parece que fue colocada con mucho cuidado como si alguien me estuviera esperando. 




'Siempre hay esperanza en el mañana, en el mañana que puede no llegar' pensé. Es una lucha, un desafío, es el último enfrentamiento que tengo que ganar, no voy a rendirme, voy a gritar para que el mundo sepa el infierno que estoy pasando, el infierno que pasan mis ojos rojos llenos de rabia a reventar. Una lucha más...  Lucha o muere. Tantos recuerdos, recuerdos de una noche con fantasmas, siluetas que quedan grabadas en los pasadizos más secretos de mi alma. Sueños. Pesadillas. Vida. Me levanto, soy fuerte, fuerte como nunca ante la tormenta infernal de mi ser. Fuego... ¡¡¡Fuego!!! Todo se está quemando!!! Pero yo gano, pierdo, y gano una vez más. Por fin me encuentro de pie desafiando el mundo con una sola mirada. Por fin desperté, por fin siento el calor del amanecer en mis pupilas todavía dilatadas, un nuevo amanecer de un día que todavía está por escribir.

  

17 de julio de 2010

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17 de Julio del 2010 Point Pleasant, Estados Unidos.





  Anochecía. El calor veraniego se empezó a mezclar con la densa humedad. La oscuridad se apoderaba de cada una de las hojas de aquel tan frondoso y peligroso bosque que guardaba tantas historias y leyendas. La noche caía lentamente como una manta ligera sobre los pocos claros de luz que todavía no habían cedido paso a la astuta oscuridad. De pronto una luz intensa convirtió esta fábula en una pesadilla. La luz chocó contra los troncos de los robustos árboles y se oyó el ruido de un coche frenando en seco. Era el Cadillac Eldorado azul oscuro del 74 de David Williams de 20 años, una cortesía de su ya difunto padre y una verdadera bomba de relojeria descapotable. La puerta del Cadillac se abrió de golpe y en un estruendo el cuerpo drogado de una joven rubia con unos pantalones cortos vaqueros desgastados y una camiseta negra se cayó junto con una bolsita de plástico en la que todavía quedaba anfetamina. Era la novia de David, su nombre era Alicia Friedly y sólo tenía 19 años. Alicia pego un chillido pero no tardó en levantarse, tampoco había tomado tanto, a diferencia del yonki de su novio. 


  Alicia empezó a aficionarse a la enfetamina cuando tenía 17 por una amiga llamada Paula, una verdadera loca a la que sólo le importaba el rock, vivir deprisa y dejar un bonito cadáver como decía Tarantino. Un sábado sobre las 11 y media de la noche, cuando Alicia estaba de fiesta en el Martell's Tiki Bar , Paula la llamó para decirle que la venía a recoger con un supuesto amigo suyo, un tal Darek, porque resulta que había encontrado una casa abandonada a fueras de la ciudad donde podían meterse un par de rayas tranquilamente sin pensar en la policía. Alicia salió fuera del bar para esperar a Paula que no tardó en venir en su Polo Golf rojo de cristales tintados. Alicia abrió la puerta y se subió al coche, pero ella no sabía que apartir de ese momento nunca más volvería a ser la misma. Cuando llegaron a la casa entraron por una ventana rota. Alicia vio que dentro de la casa había mas gente y se sorprendió porque Paula no le había dicho nada. Todos estaban colocados como si iban a morir mañana o como si simplemente no les importaba desgastar sus fosas nasales y destruir  su sistema nervioso. - Esta mierda es de la buena, no encontrarás mejor en esta ciudad- Dijo Paula mientras esnifaba una raya con un billete de 20 dólares. Alicia empezó y no podía parar. Una, dos, tres... Y perdió la cuenta junto al control. Entonces se empezó a marear rápidamente y pidió ayuda pero parecía que nadie la oía. Todo se movía a cámara lenta y toda la gente que estaba en esa casa se convirtió en siluetas borrosas que se reían, se reían de ella y sus risas convertidas en carcajadas burlescas resonaban una y otra vez en las paredes hasta que, se hizo el silencio. De repente Alicia vio una figura de un hombre alto y corpulento vestido de negro que se abria paso entre todas esas siluetas y las apartaba como si fuesen peones de papel. El hombre corpulento se echo encima de Alicia y la empezó a desnudar. Solo los que estaban en esa casa pudieron ver lo que Alicia ya no diferenciaba y quizás, ni siquiera sentía. Alicia perdió el conocimiento. A la mañana siguiente se despertó en esa terrible casa y con un dolor hasta las entrañas. En su cara se diferenciaban terribles moratones, moratones que cubrían parte de su cuerpo sobre todo las piernas que más tarde revelarían a su familia lo realmente acontecido, aunque lo que realmente pasó en aquella casa sólo lo saben Paula y Darek. Después de que el hombre se había ido satisfecho y tras de él se fue el resto de la gente que estaba en la casa una vez visto el casi macabro espectáculo, Paula le pegó una paliza brutal a la pobre Alicia que se encontraba inconsciente, simplemente estaba colocada y no sabía lo que hacía. Al día siguiente Alicia juró a sus padres que nunca más volvería a tomar drogas, pero el paso del tiempo siempre sera peor que cualquier droga. Sólo el tiempo puede alterar nuestras decisiones, promesas y cambiarnos hasta tal punto que resultamos ser desconocidos para nosotros mismos, más desconocidos de lo que éramos. Ahora las drogas, las malas compañías y el chalado de su novio David se habían convertido en los protagonistas que daban sentido a su vida, o más bien, a la destrucción de su vida. David, fue popular en el instituto, el tipico que estaba en el equipo de baloncesto y no necesitaba entrenar antes del partido, siempre conseguía lo que quería. David sólo necesitaba a sus amigos y las fiestas con el lema drogas, sexo y alcohol que montaba en su casa cuando sus padres se iban de viaje. Después del instituto se fue a la universidad y su vida cambió radicalmente. 





David conoció a Alicia y ella por un tiempo le alejó un poco de aquel oscuro mundo, un poco que nunca fue suficiente. Alicia pasaba noches seguidas en la casa de David fumando marihuana y luego hacían el amor en su cocina, en el sofa del salón, en la cama  de su dormitorio donde siempre habían restos de cocaína de su habitacion  y finalmente en la ducha. Pero toda esta tentación hacia a Alicia caer en una fosa, una fosa que era un símbolo de su pasado, aquel al que juró nunca más volver.


-Eres una zorra asquerosa, siempre me meto en problemas por tu culpa.-  Grito David y le pegó a Alicia una bofetada provocando que su cuerpo debilitado se vuelva a caer. Esta vez cayó muy fuerte y se golpeó en la mandíbula. Alicia pudo saborear la tierra que se metía entre sus encias y se mezclaba con la sangre. En un intento de escupir, escupía sangre, tierra mezclada con rabia, dolor y mucho odio. En ese momento entendió algo que debía haber entendido desde el principio, no tenía porque haber tomado aquella mierda.
- ¡Qué te levantes he dicho joder!- Exclamó David enfurecido y le dio una patada en la barriga. Pero ella ya no lo escuchaba aunque él seguía insistiendo una y otra vez en lo mismo, desvariando, delirando como nunca, y amándola, amándola tan fuerte que sería capaz de matarla. De repente la mirada de David empezó a nublarse o quizás era la niebla que se apoderó del bosque decapitando los árboles a una velocidad siniestra. -Eres una puta zorra como todas.- Le escupió a la cara y después la pego a un árbol, la desnudó, la ató y le preguntó con avaricia: -Me amas?- Sus ojos verdes desprendieron un brillo maquiavélico y sus pupilas ya dilatadas, se dilataron más todavía. -No.- Respondió rotundamente ella como si siempre hubiera sabido la pregunta y la respuesta también. -Respuesta incorrecta.- Y cojiendo todo su odio y rabia en un puño David empezó a golpearla una y otra vez, por ser tan hermosa, por ser tan amable, por ser simplemente la mujer de su vida. Sangre, sangre y sangre. Sus manos ensangrantadas ardían y dolían, dolían como nunca.



Alicia observaba todo, su novio drogado pegándole puñetazos a un árbol. Ella observaba todo con ansias de salvarlo y a la vez con miedo, un  miedo que la paralizaba o puede que sólo era un efecto de la anfetamina. - Es miedo a lo inesperado tal vez, sólo me tengo que tranquilizar.- Pensó. Fue entonces cuando se acordó de la navaja que solía llevar en su bolso negro de mano, por si las moscas como dicen. Alicia la había comprado en un mercadillo el verano del año pasado a a un viejo por sólo 35 dólares, una verdadera ganga para ser una Victorinox. El viejo le dijo a Alicia que esta navaja  le había ayudado mucho cuando servía en las Fuerzas Armadas de Estados Unidos, aunque su arma oficial era una elegante Berreta 92, y que lo mejor es que ahora pase a unas nuevas manos de quien realmente la podría necesitar y como no, cuidar. Alicia caminó sigilosamente hacia el Cadillac, luego sacó la navaja de su bolso y se echó a llorar -En momentos como estos me imagino como será ver la vida a través de sus ojos. Sé que no hay amor si uno no se deja amar y sé que no hay locura si uno no se deja llevar, pero no sé si existe lo eterno...- El sabor salado de sus lágrimas la hicieron regresar a la realidad, la cruda realidad.




-¡¿Pero qué he hecho?! -Gritó David enfurecido mientras se llevaba sus manos sangrientas a la cabeza, sentiéndose culpable de ser el mismo. Este fue el único momento de su vida en el que podía gritar a los cuatro vientos que se odiaba a sí mismo por ser el causante, el Othello de esta apocalipsis pasional.-Perdóname Alicia, siempre te he amado y siempre te amaré.- Entonces Alicia metió la navaja en su bolsillo, se agachó para sentarse en la tierra y le abrazó por detrás con ternura, una ternura que le recordó a David el primer ramo de flores que le regaló a Alicia, se acordó de la nota que le dejó en aquel precioso ramo de rosas rojas que se pasó el día entero buscando por toda la ciudad , una nota que más tarde Alicia guardó en el cajón de la mesilla de noche de su habitación:  Si perderme contigo significa volar, ojála que nunca nos encuentren.


- ¡Te prometo que soy capaz de olvidarme de todo David, de todo!- Exclamó Alicia- Todo nos irá bien, sólo tenemos que olvidar y seguir, un día tendremos una familia, nuestros hijos seran hermosos y les construiremos en nuestro jardín unos columpios y también pondremos una cancha de baloncesto para jugar con ellos como tú siempre has querido amor mío, como tú siempre has querido. ¡Por favor prométemelo! - Alicia soltó un llanto que se adentró en el alma de David hasta deformarlo intensamente por unos segundos. Pero en el fondo de su ser Alicia sabía que no podían tener una famlia, ella había caído en manos equivocadas que la habian protegido y a la vez destruido durante tanto tiempo. Sus familias de entrada ya sabían que su relación no tendría ningún sentido, y menos todavía un futuro. - Te lo prometo, te prometo todo lo que me pidas, todo te lo daré.- Dijo David con una voz débil pero a la vez ferviente. Ella se levantó y rompió a llorar - No puedo perdonarte, sólo si te matare. Ha llegado el momento de decirte adiós, para siempre - Meditó Alicia mientras sus ojos se invadían de lágrimas que quemaban su ego y arrastraban sus esperanzas al vacío, sueños alejados del para siempre jamás.




Alicia metió la mano en su bolsillo hasta tocar con la yema de sus dedos la navaja. Alicia sentía una sensación gratificante, sabía que iba a hacer lo correcto. Alicia miró fijamente a los ojos a David, unos ojos que habían sido su salvación y a su vez, su peor pecado.- Si perderme contigo significa volar, ojalá que nunca nos encuentren. Adiós David, te quiero y... te querré.- Los labios de Alicia temblaban de pánico como dinamita apunto de explotar, pero aún así sacó su navaja Victorinox del bolsillo, era lo que tenía que hacer y nunca en su vida se había sentido tan segura.


 Sólo unos segundos son suficiente para acabar con una vida entera. Sólo al borde del abismo, cara a cara con la muerte, nos sentimos más vivos que nunca. Todas las decisiones que se pueden tomar en ese momento serán radicales y cambiarán el curso de una vida, o quizás, del mundo entero. 

Alicia clavó múltiples veces la navaja a David en la parte izquierda del pecho, donde está el corazón o por lo menos, donde debe estar. Los gritos eran tan fuertes que enseguida se oyó casi en un estruendo el revolotear de las alas de los pajaros en el cielo estrellado.



- A veces piensas que sin unas personas no podrías vivir, pero cuando encuentras su ausencia en el presente te das cuenta que todavía tienes fuerzas para seguir- Pensó Alicia mientras metía el cuerpo sangriento sin vida de David en el maletero.- Mañana será otro día.- El Cadillac arrancó con fuerza y Alicia se dirigió hacia un nuevo día con la brisa que esparcia su melena rubia. Sin duda era la brisa de la victoria.







22 de junio de 2010

Tormenta






   El alba áureo se adentraba desinteresadamente en su habitación. Él, fiel a su cama pero totalmente infiel a su vida sintió el calor en su piel, un calor que logró despertar el recuerdo de una noche escarlata que le volvió a atormentar desde las profundidades de su ser.


  Aquella mirada infiel, sin duda era de él, logró acariciar el rostro de ella. Era un rostro puro e inocente que vivía de una mirada tan tramposa como inteligente, puramente astuta. Ella veía al hombre de su vida pero él veía a la mujer de aquella noche de tormenta, tan fría que congelaba el tiempo, el espacio y hasta su mente, pero a la vez tan ferviente como una llama eterna que nutría y poco a poco quemaba hasta descuartizar su ego.  Esta alusión le hacía caer en una euforia idílica como un poeta que cae en el abismo de la bohemia.


  Era algo totalmente irrefutable que cierta malicia y descaro de la mirada de aquella mujer era suficiente para inundar su vida de misterio para toda una eternidad. Era algo imborrable que se conservaba en secreto como si fuera un manuscrito que daba sentido a su existencia. Ella podía ser la pregunta pero también podía ser la respuesta. Por unos momentos pudo percibir el tacto de su mano y por un instante, recordó como se entregó hasta el último suspiro: recordó rozar el cielo. Estaba claro que una hechicera protagonizó su noche, estaba claro que esa noche su corazón le perteneció pero su alma siempre pertenecerá al libre viento que vive en el bosque prohibido de la lujuria y a la pasión.



   ¿Y si era ella? Lo imposible e inexplicable que por destino le tenía que pertenecerá a él, sólo a el. Pero el destino se la jugó. El destino le condenó a compartir su vida con otra y saber que nunca logrará amarla como amó a ella. Cada beso que recorría su cuerpo llevaba el aroma de jazmín y le hacia regresar al aire denso de aquella noche hasta volver a perderse una y otra vez, un eterno retorno que le daba vida. Cada caricia le recordaba que nunca jamás volverá a sentir el cielo.





   Cada noche de tormenta sale en busca de ella. La busca entre la lluvia y le parece poder percibir el aroma de jazmín que sobrevive a cualquier tempestad, pero no hay ni rastro de su pelo carmín. Cada noche vuelve a llenar la cama de pétalos de rosas rojas, las más rojas que encuentra en la ciudad. Entre rosas y mentiras se engaña al amar a otra que no es ella. Cumple condena por su equivocación de entregarle su cuerpo y dejar llevarse su alma y su corazón. Cualquier intento de olvidarla nunca es suficiente. Ella no está con él y se enfurece al no poder amarla y por vivir apresado de un recuerdo imposible de no ser amado. 

   No ve otro remedio que abandonar la partida, ya que seguir no tiene sentido y le duele vivir sintiendo un vacío imposible de llenar. Decide entregar su vida al destino. Por primera vez le dolió marcharse porque era consiente de que nunca más iba a volver.


   Él nunca pudo pagar el precio del cielo y el cielo le condenó a entregar su alma a un recuerdo eterno.












12 de junio de 2010

Náufrago

Los últimos rayos de sol rallaban el cielo de aquel majestuoso atardecer. La mano de él estaba a unos centímetros de la mano de ella, unos pocos centímetros para el mundo pero para él, años luz de dura navegación a la deriva de las costas del querer. Y, por fin, este viajero en el tiempo llegó a su destino,la mano de ella.
   El crepúsculo poco a poco reinaba en esta fábula al borde del filo de la irrealidad y, poco a poco, amor. Entonces él se dejó llevar por la brisa perfumada y no tardó en encontrar una razón para convertirse en el náufrago de la mirada de ella.







   Derepente, él, aquel hombre que ya no era dueño de su destino sintió como las olas le seducían y esas mismas olas, esas traidoras, le arrastraban a la altamar. Aquellas aguas tormentosas que le sumergían en un rebelde torbellino de tentaciones, una tortura para sus emociones. Entonces él, sintió como se ahogaba en el juego más peligroso de este mundo, el amor, un juego donde gana el menos vulnerable a sus propios sentimientos. Sin embargo, la suerte ya estaba echada y la victoria otorgada a su amada, la más bella sirena de este letal delirio. De pronto, él sintió la cálida mano, la cálida mano de ella, la mano de un ángel que vino a él para comunicar la liberación de sus sufrimientos y, un beso, un beso rescató a aquél náufrago perdido de la tempestad que se había apoderado de su alma, su alma salada y de su corazón, su corazón desgastado por la furia del amor.



7 de mayo de 2010

Un dulce caos



Cuando bailaba con él me sentí sólo una pequeña pieza infinitésima de este mundo, yo y él. Un mundo que se paró al resonar su voz y su mirada para rematar dejó todas las cosas del mundo sin sentido.





 Una noche no lograba encontrar a él entre todos, parecía que era algo a propósito hecho por la vida y presentía que me lo encontraría al final de esta historia como pasan en las películas de amor. Me sentía presa de un cuento de hadas absurdo, de mi ilusión , de la idea de saber que no perteneceré a nadie si no es a él. El final de todo se acercaba lentamente y mataba de una manera tan venenosa como dulce mi esperanza que en ese momento no era más que un equilibrista al borde del abismo. Pero se me olvidó un detalle, el tiempo es el mejor autor y el que decide el mejor final. Allí estaba él ,como en aquella canción que recuerda a tantas... y esto es justamente lo que le hace ser tan única. Mis pasos hacia su mirada perdieron la sensación del asfalto que cubre esta gran ciudad y me di cuenta que cada uno de mis pasos era un comodín de vida o muerte. Nos adentramos en la noche, bailamos hasta perdernos y seguimos bailando para encontrarnos  Cuando bailaba con él me sentí sólo una pequeña pieza infinitésima de este mundo, yo y él. Un mundo que se paró al resonar su voz y su mirada para rematar dejó todas las cosas del mundo sin sentido. Sentía su mirada en mi piel, un caos se apoderó de la siguiente escena lentamente en forma de un baile mortal para mis sentimientos. Un caos, un dulce caos.

Una noche... Un baile... Y un adiós.

8 de abril de 2010

Delirio de la noche

Me pareció sentir resonar una voz ahilada en el interior de mi oído como un eco que cultivaba dulcemente mi edén o quizás sea una luz tenue en el interior de mi ser. Será que es lo que sintió mi corazón al alebrarse en dilección como las burbujas del champán que bañan el cristal de una copa con un brillo añil como razón para eclipsar eternamente la luz del sol.

  Un orate de la posesión narra los hechos sucedidos en esta fábula donde no existe el bien ni el mal, ni princesas y tampoco príncipes, solo almas atrapadas en el eviterno de la bohemia, donde cada hora del día se cuenta como una hora menos para que en las calles ya siniestras reine la dadivosa noche y será ella, y sólo ella la que inundará sus mentes de delirio, una sensación que va mucho más allá de los horizontes infinitos donde se mezcla la lujuria y la pasión, en un corazón intacto de porcelana que jamás a nadie  le perteneció.