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15 de noviembre de 2013

Fantasmagoria II




Los recuerdos son como voces sosegadas que llegan de un carrusel atrapado en la eternidad de la inercia y que se fusionan con su sonido oxidado que se desliza por cada rincón de mi subconsciencia como una daga en las manos hábiles del malabarista. Todos esos lugares en los que he estado alguna vez, son solo puntos geográficos que no llegan a fusionarse con mi existencia corporal tan ocasional y que ahora, son espejismos en mi mente. Estos espejismos comienzan a desaparecer poco a poco difuminándose como las luces nocturnas a través de cristales ahumados de un coche en el que hay lugar para todo menos para el amor. 


Cada nuevo día es un agujero negro en un calendario en pleno estado de descomposición. Las semanas se convierten en un laberinto de ortigas y un desnudo conduce al ciego en dirección del abismo. Espacio y silencio que devora el espacio tan sigilosamente como el movimiento de los planetas. 


Avión. Mi billete no tenía asiento asignado y me toca esperar de pie, es jodidamente más lento que esperar sentada. Un suspiro. Pensaba que era el último suspiro antes de que me quede sin palabras pero el fin del mundo no resultó ser para mí. Este avión sobre vuela ciudades ardiendo a pesar de que la última cerilla de la caja polvorienta no se encendió. Somos ceniza sobre ceniza, es sólo cuestión de tiempo. Quería ser una pluma pero soy un pájaro. Un malherido no exige que sus vendas estén limpias. Todo tiene su lado positivo. A través de las ventanillas observamos la destrucción y el caos al igual que un escritor sin pudor admira la siniestra elegancia del texto. 



Todos formamos parte del mismo reloj de arena situado en una inestable superficie. El mundo es la subordinación a la palabra, subordinación a un arma. El texto son arenas movedizas. El tiempo es el mecanismo perfecto para seres imperfectos. 









27 de mayo de 2013

Fantasmagoria I


Y de de repente no hay fe, desapareció como una burbuja de jabón en la que tan armoniosamente se reflejaba el mundo entero y que de manera tan elegante superaba los obstáculos y finalmente, explotar en el aire. Rápido, muy rápido todo cambia de forma y adquiere tonos siniestros. Es una lucha dura obligar un mecanismo decadente a funcionar a la perfección para que pueda captar no solo tonos monocromáticos. Toda esa energía gastada se renueva poco antes del punto final, que percibo como un deja vu de una explosión en un lugar remoto del universo. Después de que esa energía vuelva, esa cinta monótona de manera vomitativa se rebobina hacia atrás, perdiéndose una microscópica cantidad de tiempo.


Seguramente, el material del que estoy hecha se agrieta por su propia existencia, siempre por la falta de oxígeno como de una soga en mi cuello, hasta que me quedo sin aire, por sentir algo a través de años que pasan como una cuchilla por mi piel siempre tan fiel a su salvaje erotismo.  Es como la necesidad de una droga inexistente antes los ojos de una multitud sin fin que no me ve. Mi vida es la perfección de una nota de suicidio, un acto que ya no es para mi. La muerte, un chicle que perdió todo su sabor. No hay nada especial en la muerte, todo ese culto seductor es una mentira porque la muerte no se puede representar. La muerte, con su estúpida y tan cautivadora seducción de perfume de una desconocida en un vagón, es una mentira. La muerte es bella porque es la vida la que le otorga la belleza, al igual que el sol es responsable del brillo de la luna en la noche.


La vida es un chicle que masticо vagamente. Sé que si me paro, todo se parará. Todos mis sueños y mis deseos se convirtieron con el paso del tiempo en una masa amorfa que veo borrosamente en aguas estancadas pantanosas formadas por citas, lugares y rostros que han existido en el tiempo pero jamás en el espacio. Todo resultó ser una copia barata de algo que seguramente es difícil de alcanzar pero puede que sea para mí, que sea para mí.


Quiero conservar en mi corazón mi fe en la muerte, pero quiero acordarme claramente que la fidelidad a la muerte y al pasado no es más que vicio, voluptuosidad sombría e inhumana, cuando dirige nuestros pensamientos y nuestra conducta. El hombre no debe dejar que la muerte reine sobre sus pensamientos en nombre de la bondad y del amor.




La Montaña Mágica,

 Thomas Mann